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21 de mayo de 2008

EL BRILLO EN EL ESPEJO – AMOR Y EGO

Artículo de Eugenia Weinstein, Psicóloga

Las personas requieren la aprobación y los refuerzos positivos de quienes dicen quererlas. Necesitan sentirse exitosas frente a los ojos de los seres que estiman. Mental y emocionalmente convierten la mirada de estas “personas significativas” en un importante espejo que refleja cómo son, cuánto valen y cuánto gustan.

Por eso, si usted se la pasa corrigiendo a uno de sus seres queridos o diciéndole constantemente lo que le conviene hacer o lo que hace mal, o destacándole sus carencias y debilidades, o siente el deber de enumerarle una y otra vez sus defectos, deténgase. Su relación de aprecio y sintonía corre peligro.

Recuerde la gran responsabilidad que le cabe en la autoestima de las personas de su entorno, ya sean familiares, amigos, compañeros de trabajo y especialmente la persona amada. Tenga presente que las exigencias desmedidas, las quejas continuas y las críticas constantes de quienes apreciamos amenazan profundamente el equilibrio psicológico y la seguridad en uno mismo.



Lamentablemente se termina rechazando y odiando a quien se transforma en vocero de las propias miserias y hace que uno se sienta permanentemente en falta y miserable. Las buenas relaciones – con mayor razón - si se trata de la pareja, amistades o familiares pueden truncarse, cuando uno se interpone constantemente con el ego del otro. En la creencia de que se está ayudando a la persona estimada a enfrentar sus problemas, se lo puede estar desnudando con juicios implacables y supuestas verdades.

Las palabras mordaces, aunque sean certeras, pueden ser un golpe mortal al corazón de la autoestima. La falta de criterio en decir las cosas provoca resentimientos, por eso es tan sabio el refrán: “El tono hace la música”. La asertividad y la sinergia (unión de fuerzas) nos afirman que se puede decir lo mismo con otras palabras, se conseguirán los resultados esperados y sin herir.

Es bastante difícil aceptarse y quererse a sí mismo, si quien supuestamente nos aprecia verbaliza pocas cosas buenas de nosotros o nos hace sentir incapaces, a través de sus repetitivas quejas insatisfacciones. En aras de la franqueza y la buena comunicación, la interacción no puede convertirse en un conjunto de descalificaciones y atribuciones que terminan cuestionando al otro como persona, a su inteligencia para relacionarse, a su destreza para encarnar lo femenino o lo masculino, al valor que tiene su existencia o su capacidad para enfrentar el mundo.

Si la valoración de una persona pasa a ser menor en su entorno que la que encuentra fuera de su círculo íntimo, inconscientemente se puede estar pavimentando el camino para el alejamiento y la búsqueda de relaciones más gratas, lo que lleva al alejamiento o abandono del grupo ( familiar, laboral, círculo de amistades), o incluso a la infidelidad si se trata de una pareja estable.

Cuando las personas no se sienten apreciadas en lo que valen, se sienten dañadas en su autoestima y están más disponibles para descubrir en otros ojos, el reflejo de aspectos positivos de sí mismos, que lamentablemente las personas de su entorno no ven o no saben expresar adecuadamente.

Las personas se vuelven más vulnerables al “sentirse a gusto” con quienes les confirman, les incentivan o aprecian mejor sus destrezas y habilidades. Si de una pareja se trata, el mal trato provoca que instintiva y paulatinamente comiencen a alejarse de su media naranja, ya sea orientándose hacia una nueva relación amorosa que les haga sentirse más atractivos y capaces de dar placer y felicidad, o hacia un contexto laboral o amistoso donde sus capacidades y virtudes sean más visibles y reconocidas.

Tienden a interponerse al ego sano de sus seres queridos, las personas exigentes, quejosas, perfeccionistas, los insatisfechos crónicos, los indiferentes, los ausentes, los sabelotodos, los críticos, los que tienden a dictar cátedra, los descalificadores y los que siempre creen tener la última palabra.

El fracaso para encontrar entre las personas que estimamos y en el ser amado, la valoración que se precisa para establecer una autoimagen satisfactoria lleva a la desmotivación y a una gran frustración.

Por eso, usted no puede pretender que lo sigan queriendo si se encarga más de reflejar lo negativo que lo positivo, o si proyecta una imagen deteriorada, carente o inútil de quien dice querer. No sólo logrará que las personas de su entorno o su consorte se sientan inseguros y devaluados, sino que además difícilmente creerán que usted les quiere y tomarán distancia.

Indispensable es que entienda que “el amor por usted” que otros le manifiestan no es ni puede ser incompatible con “el amor por sí mismo”. Difícilmente va a retener a su lado a una persona que se sienta inservible, inútil o devaluada por usted. Ése es un precio que a la larga nadie quiere ni puede pagar.

El trato amable y la relación amorosa transforman la mirada en un retrato. Y a las personas no les gusta verse feas, deficientes, incapaces u opacas. Por eso tenga cuidado. No olvide que sus ojos son como un espejo. No vaya a arruinar el brillo que las personas que estima esperan encontrar en ese espejo que son sus ojos.

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